Por qué no respondemos?

Hay un meme popular en el internet, que dice más o menos así:

“Si me llamas para una emergencia, lamentablemente estás muerto” o “Persona: escribe para saludar Yo: respondiendo después de 45 días”.

Me declaro culpable de estas actitudes. A veces, no respondo rápido o evito los mensajes por semanas. También dejo de contestar llamadas, aunque no esté haciendo algo que me lo impida y en el caso que si, casi nunca devuelvo la llamada.

Es un comportamiento común en nuestra generación. Lo he visto en mis hermanos y amigos.

Estos memes, aunque graciosos, parecen ser una forma de justificación. Una forma indirecta de comunicarle al mundo: “Esta es la forma en la que opero” o eso es lo que nos gusta decirnos.

En realidad, creo que es una forma de apaciguar la culpa de hacer algo en contra de nosotros mismos.

Por qué no responder mensajes y atender llamadas está mal?

Aunque no me agrade del todo, las interacciones sociales son fundamentales para los seres humanos. Aunque podemos existir en soledad y aislamiento, verás que las personas que viven así tienden a comportarse más como animales que como personas.

Mantener y expandir nuestras relaciones es una parte fundamental de ser un humano funcional y saludable. Es necesario para nuestro bienestar psicológico y para lograr cualquier meta.

Cualquier ambición que tengas, requiere de otros humanos. Lo más probable es que aquello que quieras lograr tenga que ver, de una u otra manera, con otros humanos.

Piensa en cualquier objetivo que tengas, notarás que hay humanos involucrados.

Es una verdad evidente, la ignoramos porque estamos acostumbrados a tener gente alrededor. También se nos olvida que son otras personas, las que nos pueden habilitar a cumplir nuestras metas.

Cada oportunidad en la vida, no importa cuál sea, te es dada por otro ser humano directa o indirectamente.

  • Cuando alguien compra tu producto o servicio
  • Cuando alguien invierte en tu proyecto
  • Cuando alguien decide sumarse a tu visión
  • Cuando alguien te enseña
  • Cuando alguien te da una palabra de aliento

Es posible que tu esfuerzo esté involucrado, pero siempre es otro humano dándote algo. Cuando no cultivamos y mantenemos esas relaciones, perdemos oportunidades.

Las demás personas nos perciben como irresponsables o descuidados, y a medida que creces empiezan a ser menos tolerantes, generalmente porque se hacen más conscientes del poco tiempo del que disponen.

Al mismo tiempo, empiezan a valorar más a las personas que si mantienen las relaciones, que tienen la capacidad de cultivarlas.

Cuánto más viejo, menos tolerante son los demás de tus faltas.

Por eso vemos a las personas diligentes, que mantienen sus relaciones sociales con cada vez más status, dinero y oportunidades.

No responder los mensajes y no atender las llamadas es una muestra de desprecio hacia la relación que tienes con otra persona. Le estás diciendo que no es importante, que no puedes tomarte el tiempo de atender la relación.

Muchas veces no hacen falta largas conversaciones con multiples temas. Un simple mensaje o llamada para saber como está y como va su vida últimamente es suficiente, o ponerte a la orden en caso de que necesiten ayuda.

No es y no tiene porque ser una tarea agonizante y tediosa. Por qué la vemos de esa manera?

Por qué no respondemos los mensajes ni atendemos las llamadas?

Para dar respuesta a la pregunta tuve que pensar en mi mismo: Por qué a veces no respondo los mensajes ni contesto las llamadas?

Lo primero que noté es que no responder sucede usualmente cuando las cosas en mi vida no van “cómo deberían”. Cuando mi mundo es un caos, cuando no tengo dinero, cuando todo sale mal.

Paradójicamente, no responder los mensajes contribuye a que el caos continúe, a que todo se sienta fuera de control.

Aquí están algunas razones que se me ocurren:

Miedo a cagarla hablando

Comunicar nuestras ideas o lo que pensamos no siempre es fácil, puede salir mal. Puedes decir algo que hiera a la otra persona o que se entienda de otra forma. Pasa sobre todo con las llamadas, los mensajes te dan más cancha de revisión y edición. Aunque, que la otra persona no te vea la cara o escuche tu tonos de voz, pone el escenario para malinterpretaciones.

La presión aumenta si la persona con la que estás hablando es importante para ti. Quizás es la persona que te gusta, quizás es un cliente, quizás es un familiar que estimas mucho.

Es todavía más intenso en el mundo interconectado de hoy. Todas las personas podrían ser una fuente de oportunidades y por el lado contrario, una idea mal expresada o sacada de contexto puede destruirte la vida.

La cultura de la cancelación es negativa: si no le permitimos a la gente equivocarse, simplemente van a retraerse cada vez más del escenario público o van a crear espacios aislados donde puedan expresarse con libertad.

Está bien tener que ser responsable con lo que decimos, pero estar constantemente amenazados de poder perderlo todo, no.

Supongo que el miedo a cagarla hablando está más presente, cuanto más jóvenes somos. Después de todo, mientras menos experiencia tienes en ciertos ámbitos sociales o teniendo que expresarte de cierta manera, menos natural se siente y más miedo genera. Cuando eres joven, en general, no tienes experiencia en un coño.

Sin embargo, no creo que esta sea la razón más fuerte para no mantener la comunicación con otros.

Ansiedad social

Este trastorno de la conducta que ha adquirido más relevancia en lo últimos años parece la excusa perfecta para no hacerse cargo de las relaciones personales.

“Es que me da ansiedad la gente”.

No quisiera sonar como un boomer insensible, pero la gente parece pensar que cualquier sensación de intensidad o dificultad respiratoria en el pecho, es ansiedad. Cuando bien podría ser una respuesta de estrés, perfectamente normal, al enfrentarnos a ciertas situaciones.

Pero en caso de que si sea ansiedad, la verdadera pregunta es: Por qué sientes ansiedad de comunicarte con las personas? Acaso no estás acostumbrado a hablar con otros?

Siento esta ansiedad de responder y mantener el contacto, cuando es algo relacionado al trabajo. Si sé que debía haber hecho o entregado algo, que aún no he hecho o entregado, siento una ansiedad intensa y una presión en el pecho cuando sé o pienso que me van a preguntar por eso. Más largo el retraso, mayor la ansiedad.

La ansiedad se dispara porque siento constante amenaza de que me boten o regañen, de que el resultado no sea el esperado. No es ansiedad social, más bien parece miedo al rechazo o a que la vida se vuelva aún más caótica.

Al no responder creo que doy pausa, en realidad, hace que la vida se vuelva más caótica. La responsabilidad de responder no se va a ningún lado, solo se acumula.

Es como una sombra, que cada día se hace más grande hasta transformarse en la silueta de algo que da miedo, aunque en realidad, sea algo muy sencillo de afrontar.

Lo lógico sería hacer el trabajo responsablemente, para responder oportunamente cuando haga falta o más bien, ser quien inicie la conversación. Eso no siempre es posible, la vida pasa y las cosas se descontrolan, lo razonable sería comunicar nuestra falta: “No pude hacerlo por X, Y o Z. Para X fecha estará listo. Me disculpo” y ponernos manos a la obra.

Aquí es donde la cosa se pone interesante.

Cuando no hacemos lo que nos comprometimos a hacer por una razón importante, sentimos culpa, mucha culpa. No es lo mismo no cumplir tu compromiso porque estabas atendiendo una emergencia familiar, que porque te descarriaste jugando en la pc durante 12 horas seguidas.

Aunque jugar en la PC es divertido, sabes muy bien que no es bueno para ti, menos durante tanto tiempo. Lo haces como una forma de escape, para sentir un release de dopamina fácil. Aunque fuese algo importante, es más importante que cumplir con el compromiso adquirido? Probablemente no, si no, no hubieses adquirido el compromiso y te conformarías con jugar todo el día.

Por una parte tienes que preguntarte si los compromisos que adquieres realmente te importan y por otro tienes que saber que solo hay 24 horas en el día, hay cosas que no podrás hacer. Es un tema de prioridades.

El ejemplo más íntimo y real que puedo dar al respecto:

Muchísimas veces dejaba de cumplir compromisos porque me quedaba, a veces horas, masturbandome y viendo porno. Estoy seguro que el punto al que llegué puede considerarse adicción.

El problema no era la falta de tiempo, la ansiedad social o cualquier otra excusa. El problema era que estaba dedicando demasiado tiempo a una actividad nociva y que parecía estar fuera de mi control. Justo como las drogas.

Esa vergüenza, por malgastar el tiempo en una actividad que no me dejaba nada positivo era lo que me impedía comunicarme. Era lo que hacía que me aislara.

Y esto se puede poner peor.

Piensas que las otras personas te juzgan

Tiendo a juzgarme duramente. He estado trabajando en ello y ha mejorado mucho, pero la tendencia se mantiene. Creo que esa tendencia es común.

Como dice el dicho: “No hay peor jefe que tu mismo”.

Ese auto-juicio es muy fácil de confundir con el juicio de los demás.

Es fácil creer que los demás pueden ver cuando no somos la mejor versión de nosotros mismos, cuando no cumplimos los compromisos que hacemos con nosotros mismos, cuando hacemos cosas que sabemos nos hacen daño.

Es verdad, hasta cierto punto pueden verlo. Pero solo lo verán completamente si se los enseñas.

Cuando te escondes de los demás, cuando sientes que los demás te están juzgando, en realidad eres tu mismo juzgándote porque no estás cumpliendo con los compromisos que has adquirido.

Te escondes, te desapareces, te aíslas, no respondes los mensajes y no atiendes las llamadas porque te avergüenzas de ti mismo.

Esa es una píldora difícil de tragar, a mi me está costando siquiera escribirlo aquí (no olvides que también hablo de mi mismo). Es fácil sentirse mal con uno mismo, y creo que esa vergüenza es un iniciador de depresiones severas.

El problema no es que los demás juzguen, después de todo, sus juicios solo tienen el poder que le demos. En realidad te juzgas a ti mismo y pones a otros como una excusa para no observar tus comportamientos.

Es considerablemente más fácil pensar que los demás están equivocados, que cuestionarte a ti mismo.

Sabes que lo que estás haciendo está mal, te hace daño, solo tu lo sabes. Tu eres el único que puede juzgarte y lo estás haciendo aunque no te parezca.

Después de todo

Todas estas cosas están pasando en tu mente.

Es difícil admitir que no estamos cultivando nuestras relaciones, que no estamos cumpliendo nuestros compromisos y que tenemos conductas auto-destructivas. Pero hasta que no las aceptes, las cosas no van a mejorar.

Solo haciéndonos conscientes de las actividades que esconden dolores mayores, podemos dar lo pasos necesarios para perdonarnos, sanar y mejorar.

No parece posible que no responder los mensajes y las llamadas tenga repercusiones tan intensas, pero las tiene. Nadie quiere estar solo todo el tiempo, nadie quiere sentirse aislado y todos sabemos que una buena parte de las cosas hermosas de la vida, vienen de otras personas y con otras personas.

Cuando no nutrimos nuestras relaciones, cuando nos negamos de ese lado hermoso e importante de la vida, lo más probable es que haya algo más profundo involucrado.

No existe nadie en la faz de la tierra, que no tenga 5 segundos para responder o enviar un simple “Hola, cómo estás?”. Conozco a algunos hiperconectores que tienen la bandeja de entrada más llena de la que jamás verá la mayoría de la gente y se toman el tiempo de responder, no solo porque es su trabajo sino porque valoran la relación con esas personas.

Tendemos a pensar que todos nuestras mejoras deben venir de nosotros mismos, pero a veces los demás pueden ser la razón.

Cualquiera que sea el caso, tu tienes el poder. Puedes dejar de hacer las actividades que te hacen daño, puedes empezar a asumir compromisos que realmente te importen, puedes comunicarte mejor y sin miedo, puedes pedir ayuda si no sabes que hacer a continuación.

No hay necesidad de poner excusas, ni mandar memes. Tienes el poder, úsalo.

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