MAESTROS ESPIRITUALES

Estuve leyendo un libro que me hizo perturbarme un montón, no entendía como alguien podría escribir algo así. Juzgué, condené y rechacé todo lo que estaba escrito, hasta que entendí que debía haber algo que tuviera que aprender de mí en ese libro, así que lo adopté como un maestro espiritual.

Normalmente, llamamos maestro espiritual a una persona iluminada, que nos enseña con su ejemplo y nos motiva a dessarrollar nuestra propia luz. Sin embargo, escuché este término en una conferencia1, para referirse a personas que, en lugar de luz, nos reflejan nuestro lado oscuro. Curioso, ¿no?

Un maestro espiritual también puede ser una persona cuyo lado oscuro me perturba, me irrita, me incita a actuar reactivamente, con pensamientos de desagrado, frustración o victimismo. Esto es porque cuando condenamos, rechazamos y juzgamos la oscuridad de otras personas, estas solo nos están reflejando nuestra propia sombra que aún no hemos logrado aceptar. Irónicamente, un maestro espiritual es una persona que provoca que yo me perturbe a mí mismo (porque nadie tiene el poder de perturbarnos), haciéndome de espejo de mi lado oscuro.

Sin embargo, mi ego se resiste a verse en ese espejo. Para el ego los demás son los que están mal, y sigue mirando al exterior: “allá afuera está la causa de mi sufrimiento“, y se sigue perturbando.

La vida se encargará de presentarnos cualquier cantidad de maestros espirituales mientras no aprendamos a conectar con nuestra verdadera esencia, aceptemos nuestro lado oscuro y lo trascendamos. Usualmente no los reconocemos como tal, simplemente pensamos que nos quieren hacer daño y los condenamos, jugamos y rechazamos, para luego toparnos con el próximo.

Por ejemplo: tengo una pareja con la que discuto por cualquier cosa, el conflicto está a la orden del día, nos gritamos, atacamos, juzgamos, culpamos al otro, y sufro. Para dejar de sufrir (porque yo no soy masoquista) decido terminar con esta pareja, listo, se acabó el sufrimiento. Cambio de pareja y vuelven las discusiones por las mismas causas: nos gritamos, atacamos, juzgamos, culpamos al otro, y sufro. Como mantengo mi postura de que no dejaré que nadie me haga sufrir, termino con esa segunda persona. Empiezo otra relación con la que tengo exactamente los mismos problemas, vuelvo a sufrir pero esta vez llego a una saturación y caigo en depresión.

Esto sucederá en cualquier ámbito que no logremos aceptar de nosotros mismos: trabajo, amigos, familia, sociedad. De pronto ya no tolero mi trabajo y cambio de empleo. Me toca otro jefe igual o peor que el anterior, compañeros de trabajo tóxicos y nuevamente un ambiente hostil, me victimizo y cambio de trabajo, repitiéndose el ciclo una y otra vez.

Configurado este círculo vicioso, donde voy co-creando los mismos escenarios con los que me perturbo, llega un momento en el que me cuestiono si verdaderamente la causa de ese sufrimiento está afuera. Empiezo a indagar en qué otros factores están propiciando esa perturbación, factores que se mantienen constantes a pesar de los cambios que realizo en el exterior.

“Seguiré tropezando con la misma piedra hasta que deje de culpar a la piedra”

Llega un momento en el que me planteo: “si siempre encuentro personas con el mismo comportamiento con el que me perturbo,  debe haber algo en mí que las atrae”. Es cuando entiendo que la vida colocará en el camino tantas piedras necesite para poner el foco en la única persona responsable de mis perturbaciones y sufrimiento: YO.

Entonces es momento de hacer mi examen de consciencia:

“¿Por qué esto me afecta tanto?”

“¿Hay algo que no estoy viendo o no logro entender?”

“¿Será correcta la interpretación que estoy haciendo?”

Responder estas preguntas hace que trate de comprender a la otra persona de alguna u otra manera, pero como la otra persona me está haciendo de espejo, eventualmente esa comprensión exterior se convertirá en una comprensión interior. Durante este proceso, empiezo a notar actitudes de la otra persona en mí mismo, lo que me parece sumamente increíble e inaceptable, me digo: “¿cómo voy a actuar igual a otra persona que estoy juzgando?, es algo que yo no me permitiría“.

Descubrir mi lado oscuro es doloroso, y mientras más sigo indagando y tratando de comprender a la otra persona, más me doy cuenta de que esas sombras existen, y negarlas no hará que desaparezcan.

Luego de este descubrimiento, comienza lo más complicado de este proceso: el perdón y la aceptación. Perdonarme y aceptar mi lado oscuro implica tomar parte responsable de lo que creía ser, y de las acciones que emprendí con esa falsa identificación; comprender mis motivaciones y, finalmente, conectar con mi verdadera esencia luminosa.

Al encender la luz de mi verdadera esencia, puedo iluminar ese lado oscuro que tanto me perturbaba. No significa que ya no exista, está ahí, pero así como la luz es la ausencia de oscuridad, mientras mi verdadera esencia mantenga el foco encendido, ese lado oscuro no tendrá como manifestarse. Con esta luz empiezo a cultivar nuevos pensamientos de amor y aceptación tanto para mí como para mi entorno.

Una vez trascendido ese lado oscuro, esa persona que me hizo de espejo ya deja de ser un maestro espiritual. Quizá se mantenga con las mismas actitudes pero yo no me perturbaré por eso, acepto a esa persona tal como es así como me acepté a mí mismo, comprendiendo que también tiene un lado oscuro que en algún momento iluminará.

Ese es el gran aprendizaje que deja un maestro espiritual:

  • Revelar mi lado oscuro que proyecto en él (que se encuentra en un plano inconsciente al que no tengo acceso).
  • Conducirlo al plano consciente, utilizando el vehículo del autoconocimiento.
  • Abrazar y aceptar el lado oscuro con amor.
  • Conectar con mi ser esencial, que iluminará esa oscuridad.
  • Comprender y aceptar la oscuridad de otras personas, con amor.

“Hasta que no hagas consciente a tu inconsciente, este va a dirigir tu vida y tú lo llamarás destino” Carl Jung.

  1. (77) Cómo relacionarse con personas conflictivas sin perturbarse | Borja Vilaseca – YouTube

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