INHALA, EXHALA

Amable recordatorio de una necesidad imperiosa para la existencia humana.

Debo confesar algo: me cuesta ser auténtico. Desde niño aprendí que debía seguir patrones de conducta socialmente aceptados y, al sol de hoy, me cuesta todavía expresarme con voz propia.

Inhala… Exhala.

Es difícil hablar de tus sentimientos cuando tienes toda una vida bloqueándolos, cuando asocias la vulnerabilidad con debilidad. La respiración se vuelve automática y no reparamos en ella. Para que el cuerpo funcione tiene que mantener este proceso y, si no lo hacemos conscientes, nuestro inconsciente asumirá el trabajo. Pero no respiraba.

Muchas veces, para mantener una postura, idea, proceso… sostenía la respiración por largo rato y luego, venía la bocanada de aire. En estos momentos de asfixia inconsciente, me desconecto de la situación y me pierdo de lo que está sucediendo. Me hallo en otro lado. Hasta que mi cuerpo no aguanta la desconexión y fuerza la inhalación, retornándome al momento actual.

Inhala… Exhala.

Hace un tiempo, en clases de inglés, me hicieron una pregunta que se suponía que yo sabía. Tenía dos retos: recordar la respuesta y encontrar las palabras en inglés para expresarla. MIEDO. No solo me dejé llevar por el miedo, sino que decidí no prestarle atención, apartarlo de mi vista para que no apareciera, y responder a la pregunta con el remanente de aire que quedaba en mis pulmones. Consecuencia: voz entrecortada, corazón en redoble y respuesta equivocada.

No digo que hubiera sido más fácil no responder, digo que lo más consciente era hacerme cargo de mi miedo, sin tratar de evitarlo para que no aparezca, porque mientras más lo aparto, más se presenta. Hacerme consciente de mi miedo, no tenerle miedo a mi miedo, es permitirme sentirlo y gestionar la situación de acuerdo a mis capacidades y conocimientos del momento, sin ninguna expectativa.

Inhala… Exhala.

Este recordatorio me lo hago porque desde hace unos días me he encontrado asfixiándome inconscientemente e inmediatamente, retomo una respiración con el diafragma. Cuando retomo la respiración, mi mente se conecta de nuevo al instante presente y se relaja, yo me relajo y me siento más tranquilo. Hacer esto me hace mirar el pensamiento que me cortó la respiración segundos antes, ese que me estaba creyendo y neutralizaba mi sistema respiratorio. Observar este pensamiento desde un tarima, me ha dado la oportunidad de descubrir de donde viene, que es lo que está tratando de expresar, mostrar o señalar dentro de mi ser, y puedo jugar con él.

Inhala… Exhala.

Este asfixia no solamente me ha afectado mentalmente. Resulta que mi estómago se ve perjudicado por algún proceso fisiológico que desconozco, pero que, seguramente, conecta la respiración con el sistema digestivo. Desde que tengo memoria sufro del estómago, así como, desde que tengo memoria, no sé respirar. Cuando me encuentro en ese estado inconsciente, el estómago se me contrae y me dan náuseas.

De un tiempo para acá me he sentido mejor del estómago, en el momento en que inyecto oxígeno conscientemente, mi estomago se expande, junto con mi diafragma, y, eventualmente, las náuseas desaparecen.

Inhala… Exhala.

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